Por Alberto Cordoví Benítez.
Arqueología sonora: estética analógica y vanguardia electroacústica en los estudios del ICAIC a inicios de los años 70. / Imagen generada por IA |
La memoria
institucional suele simplificar la historia para hacerla digerible. Cuando hoy
se evoca al Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (GESI), fundado en
1969 bajo el amparo de Alfredo Guevara y la dirección magistral de Leo
Brouwer, el relato popular se reduce a un hito casi exclusivo: la cuna o el
laboratorio germinal de la Nueva Trova. Pensar en el GESI es imaginar, de
inmediato, las guitarras de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés o Noel Nicola
musicalizando el épico devenir de una época.
Sin embargo,
esa lectura entraña una omisión histórica considerable. El GESI no nació como
un taller de balada o canción de autor; nació como un laboratorio de ruptura
vanguardista, una trinchera sonora diseñada para cuestionar, desmantelar y
desbordar las fórmulas estandarizadas de la producción musical masiva.
El laboratorio de vanguardia: Más allá del acordeón y
la guitarra
Bajo la
rigurosa tutela teórica y práctica de Leo Brouwer, los jóvenes integrantes del
colectivo fueron sometidos a una disciplina académica feroz. Antes de que se
les permitiera grabar una melodía convencional, debieron adentrarse en la música
atonal, el dodecafonismo, la aleatoriedad y la música concreta.
En un
contexto donde la radiodifusión comercial de la región replicaba los patrones
de la Industria Cultural —aquella estructura descrita por Adorno y
Horkheimer que convierte al arte en mercancía serializada para el consumo
pasivo—, el GESI apostó por la música electroacústica e instrumental. Se
manipulaban cintas magnéticas de bobina abierta cortadas a mano, se generaban
bucles artesanales (tape loops), se registraban los chasquidos mecánicos
de los proyectores de cine de 35 mm y se integraban modulaciones electrónicas
primarias junto a la polirritmia afrocubana y el jazz modal. Músicos como
Sergio Vitier, Eduardo Ramos, Emiliano Salvador y Leonardo Acosta exploraron
sonoridades que rivalizaban en audacia con las búsquedas de Karlheinz
Stockhausen en Colonia o la escena krautrock e industrial en Europa.
La tensión con la difusión masiva y la polémica del
disco de 1971
Esta audacia
sonora chocó de frente con las dinámicas de distribución y programación de la
época. Para las cadenas de radio y los sellos discográficos estatales (como la
EGREM), acostumbrados a catalogar la música en casilleros rígidos (son,
canción, bailable), el material instrumental y electroacústico del GESI
resultaba ininteligible, inclasificable e inadaptable para la rotación
comercial ordinaria.
La
manifestación más clara de esta paradoja ocurrió entre 1970 y 1971. Mientas en
los estudios del ICAIC se gestaban composiciones atonales e investigaciones
electroacústicas de altísimo nivel destinadas a documentales experimentales, la
demanda del mercado internacional y la presión político-cultural exigían
"canciones con mensaje".
Fue así
cómo, en 1971, el primer gran álbum del colectivo, el histórico Cuba
Va!, no fue lanzado originalmente por la discografía nacional cubana para
mostrar el trabajo de laboratorio electroacústico del grupo, sino que fue
editado en Estados Unidos por el sello independiente Paredon Records (fundado
por Barbara Dane e Irwin Silber). Este registro recopiló el repertorio de
canciones vocales y militantes del grupo ("Cuba va", "Fusil
contra fusil", "Eternamente Yolanda"), mientras que decenas
de grabaciones instrumentales, piezas de música concreta y experimentos de
montaje electroacústico quedaron archivados en las cintas máster del ICAIC.
Para la
programación radial de la época, las obras puramente instrumentales del GESI se
convirtieron en un "disco fantasma": existían en la banda sonora de
películas como La primera carga al machete (Manuel Octavio Gómez), pero
carecían de un soporte comercial en vinilo o de una ficha de catálogo que
permitiese su difusión continuada en el dial. La industria, incluso dentro de
un modelo estatal, demostró su incapacidad para procesar el arte sonoro que no
respondiera a la estructura estrofa-estribillo.
Arqueología sonora para el siglo XXI
Revisitar
hoy la producción electroacústica e instrumental del GESI no es un ejercicio de
nostalgia, sino una necesidad analítica. Demuestra que en la Cuba de inicios de
los años 70 existió una vanguardia musical autónoma que no le pidió permiso a
las modas del mercado internacional ni se sometió a la dictadura del
"hit".
Rescatar del
olvido aquellas cintas magnéticas y darles aire en las plataformas digitales
actuales es devolverle a la música cubana una de sus páginas más radicales,
complejas y fascinantes.
Referencias bibliográficas y fuentes de consulta
- Acosta, Leonardo. (2014). Del tambor al
sintetizador. La Habana: Editorial Letras Cubanas. (Texto
fundamental para comprender la evolución técnica y la integración de la
música electrónica e instrumental en Cuba).
- Brouwer, Leo. (2004). La música, el
combate y el estilo. La Habana: Ediciones UNION. (Testimonio sobre
la metodología pedagógica y estética implementada en el laboratorio del
GESI).
- Eli Rodríguez, Victoria, &
Gómez García, Zoila. (2002). Haciendo música cubana. La
Habana: Editorial Pueblo y Educación.
- Grupo de Experimentación Sonora
del ICAIC.
(1971). Cuba Va! Songs of the new generation of revolutionary Cuba
[LP]. Brooklyn, NY: Paredon Records (P-1010).
- Giro, Radamés. (2007). Diccionario
Enciclopédico de la Música en Cuba. La Habana: Editorial Letras
Cubanas. (Fichas históricas sobre el GESI, el ICAIC y el desarrollo de la
música electroacústica en la Isla).

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