¿Quién está decidiendo qué música escuchamos hoy? - Cuba Tonight Radio

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¿Quién está decidiendo qué música escuchamos hoy?

 

Entre algoritmos, plataformas, radio y redes sociales, la música que llega hasta nuestros oídos ya no depende únicamente de nuestros gustos

Por Alberto Cordoví Benítez.

Radio antigua, discos de vinilo y teléfono móvil con una plataforma musical frente a un paisaje urbano cubano, representando la evolución de la forma de escuchar y descubrir música.
De la radio y los discos al streaming y los algoritmos: la forma de descubrir música ha cambiado radicalmente.

Durante buena parte de la historia de la radio, alguien tenía que tomar una decisión: elegir una canción, colocarla en una programación y ponerla al alcance del oyente.

Podía ser un director de programas, un productor, un disc-jockey, un locutor o una persona encargada de seleccionar la música. El criterio podía ser discutible. Podía gustarnos o no. Pero había una persona detrás de aquella decisión. Hoy la situación es diferente.

Una canción puede llegar hasta nosotros porque la buscamos, porque alguien nos la recomienda, porque forma parte de una lista de reproducción o porque un algoritmo ha calculado que probablemente nos gustará.

Y aquí aparece una pregunta que merece algo más que una respuesta rápida: ¿Quién está decidiendo realmente qué música escuchamos hoy?

Del programador de radio al algoritmo

La transformación no ocurrió de un día para otro.

Primero llegaron los discos compactos. Después los archivos digitales. Más tarde internet, las plataformas de vídeo, las redes sociales y el streaming. Cada tecnología modificó nuestra relación con la música. Pero el cambio más profundo quizá no esté en la forma de escuchar, sino en la forma de descubrir.

Antes, un oyente podía escuchar una canción nueva porque un locutor decidió incluirla en su programa. Hoy puede descubrirla porque una plataforma analiza lo que ha escuchado anteriormente y le propone algo parecido. Sobre este tema, Cuba Tonight ya había abordado la relación entre música, números y algoritmos en el artículo Cuando los números comienzan a decidir qué música escuchamos.

Spotify explica que sus sistemas de recomendación combinan diferentes señales con criterios editoriales humanos para ofrecer contenidos personalizados y favorecer el descubrimiento de artistas.

En YouTube ocurre algo parecido. La propia plataforma reconoce que las recomendaciones generan una parte muy importante de las visualizaciones, incluso por encima de las suscripciones o de las búsquedas.

Eso significa que ya no basta con hacer una buena canción. También hay que conseguir que esa canción sea encontrada.

La música vive una nueva economía

Los números ayudan a comprender la magnitud del cambio.

Según el Global Music Report 2026 de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI), los ingresos mundiales de la música grabada alcanzaron 31 700 millones de dólares en 2025, después de crecer un 6,4 %. El streaming representó el 69,6 % de esos ingresos.

Pero hay otro dato especialmente interesante: Latinoamérica fue la región de mayor crecimiento, con un aumento del 17,1 % durante 2025. Allí el streaming representó el 88,1 % de los ingresos de música grabada.

La conclusión parece evidente: la batalla por la atención del público se está librando cada vez más en el territorio digital.

Y en ese territorio no basta con tener talento. Hay que tener presencia, visibilidad, estrategia y capacidad para generar interés.

¿El algoritmo decide por nosotros?

No exactamente.

Y conviene hacer esta aclaración porque sería demasiado sencillo responsabilizar a los algoritmos de todo lo que escuchamos.

Las plataformas utilizan numerosos factores para realizar recomendaciones. También existen equipos editoriales, listas de reproducción, búsquedas, tendencias, actividad de los propios usuarios y decisiones de los artistas y las compañías discográficas.

Spotify, por ejemplo, continúa desarrollando herramientas destinadas precisamente a facilitar el descubrimiento de nuevos artistas. En 2026 anunció nuevas funciones para sus listas de descubrimiento y señaló que Release Radar alcanza a cerca de nueve millones de oyentes cada semana.

YouTube Music informó además que sus usuarios descubrieron a un artista que no conocían previamente más de 450 millones de veces durante julio de 2026.

Por tanto, sería injusto afirmar que los algoritmos solamente perjudican a la música. También pueden abrir puertas.

El problema aparece cuando confundimos visibilidad con calidad. Una canción puede ser muy visible y no necesariamente ser extraordinaria. Y otra puede tener un enorme valor artístico y permanecer prácticamente invisible.

La paradoja de la popularidad

Aquí aparece una de las grandes paradojas de la música contemporánea.

Si una canción tiene muchas reproducciones, tendemos a pensar que es buena. Pero las reproducciones demuestran, en primer lugar, que muchas personas la escucharon. No necesariamente explican por qué la escucharon, qué valor artístico tiene ni cuánto tiempo permanecerá en la memoria.

La popularidad puede ser consecuencia de la calidad. Pero también puede ser consecuencia de una campaña de promoción eficaz, de una tendencia, de una exposición repetida, de una recomendación automática o de un fenómeno ocurrido en las redes sociales.

Por eso conviene separar tres conceptos: popularidad, visibilidad y calidad. No son sinónimos. Una cuestión relacionada con esta diferencia ya fue abordada anteriormente en Cuba Tonight: El conocimiento de la Industria musical: ¿Fans o críticos sin fundamentos?

¿Y qué ocurre con la música cubana?

Aquí la pregunta adquiere una dimensión especial.

Durante décadas, la radio y la televisión fueron fundamentales para que un artista cubano llegara al público. Hoy ese ecosistema es mucho más complejo.

Un intérprete puede tener una producción disponible digitalmente y, sin embargo, no conseguir que esa producción llegue a una cantidad significativa de oyentes.

En una entrevista publicada por Cuba Tonight, el director de programas Joaquín Quintero Valdés señaló precisamente la necesidad de una mayor promoción internacional para los jóvenes intérpretes cubanos y llamó la atención sobre el papel que desempeñan las disqueras y los mecanismos de promoción.

La cuestión no es únicamente producir música. Es conseguir que alguien la escuche. Y esa diferencia puede parecer pequeña, pero no lo es.

Una canción puede perderse en un océano de canciones

Cada día aparecen miles de nuevas producciones musicales.

En ese océano, incluso una obra bien realizada puede pasar inadvertida. El problema no es exclusivo de Cuba. Es una consecuencia de la enorme cantidad de música disponible.

Pero para los artistas cubanos existen además dificultades específicas relacionadas con promoción, circulación, acceso a determinadas plataformas y posibilidades de internacionalización.

Una entrevista publicada anteriormente en este blog con el productor José LuísSeijas abordó precisamente las dificultades de inserción de la música cubana en el mercado internacional.

Esto nos lleva a una conclusión importante: el talento necesita un ecosistema que le permita ser descubierto. Sin ese ecosistema, muchas buenas canciones pueden quedarse esperando a un oyente que nunca llegará.

La radio no ha muerto

En medio de esta transformación hay quienes anuncian periódicamente la desaparición de la radio. Pero quizá la pregunta correcta no sea si la radio desaparecerá. Tal vez deberíamos preguntarnos qué función puede desempeñar en el nuevo ecosistema musical.

La radio todavía puede hacer algo que ningún algoritmo puede sustituir completamente: contextualizar. Un programador puede decirnos quién es un artista, explicar de dónde viene, relacionarlo con otro músico, contar una historia detrás de una canción, defender una obra que todavía no tiene millones de reproducciones.

Puede decirle al oyente: “Escucha esto. Quizás todavía no lo conozcas, pero creo que merece tu atención.” Ahí existe una diferencia fundamental. El algoritmo puede recomendar. El criterio humano puede argumentar. Y ambas cosas pueden convivir.

El oyente también tiene poder

Existe, sin embargo, otro protagonista que muchas veces olvidamos: el público.

Las plataformas pueden recomendar. Las compañías pueden promocionar. Las radios pueden programar. Los artistas pueden crear. Pero finalmente alguien tiene que escuchar.

También nosotros hemos cambiado. Tenemos acceso a una cantidad de música que ninguna generación anterior tuvo a su disposición.

Podemos escuchar una grabación de 1950 y, segundos después, una producción de 2026. O descubrir un artista de La Habana, Londres, Bogotá o Nueva York sin movernos de nuestra casa. Nunca tuvimos tantas posibilidades.

Pero tener más opciones no significa necesariamente escuchar mejor. Significa que necesitamos mejores criterios para elegir.

¿Qué música estamos dejando de escuchar?

Esta es, para mí, la pregunta más importante.

Cuando una plataforma aprende nuestros gustos, puede ofrecernos cada vez más música parecida a la que ya escuchamos. Eso resulta cómodo. Pero también puede encerrarnos dentro de nuestras propias preferencias.

Si escuchamos siempre lo mismo, el sistema aprende que queremos seguir escuchando lo mismo. Entonces descubrimos menos.

La música necesita también de la sorpresa, del riesgo. Necesita de esa canción que inicialmente no comprendimos, pero que después terminamos amando.

Necesita del artista que todavía no tiene millones de seguidores, del género que no conocíamos, de la canción que alguien nos recomienda simplemente porque considera que vale la pena.

La nueva responsabilidad de quienes seleccionan música

En este nuevo escenario, quienes trabajan con música tienen una responsabilidad mayor.

El papel de la industria, los sellos, las redes sociales y los propios artistas también fue analizado recientemente en Cuba Tonight durante la entrevista con el DJ británico Mo Ayoub.

Un programador de radio no debería limitarse a reproducir aquello que ya es popular. Un DJ tampoco. Un periodista musical no debería convertirse simplemente en repetidor de tendencias. Y una plataforma debería buscar mecanismos que permitan que el descubrimiento no quede reducido exclusivamente a aquello que ya funciona.

Porque si todos seleccionamos únicamente lo que ya tiene éxito, ¿cómo aparecen los próximos éxitos? Toda música que hoy consideramos clásica alguna vez fue nueva. Toda gran voz alguna vez necesitó una primera oportunidad. Todo artista reconocido alguna vez tuvo que encontrar a sus primeros oyentes.

¿Quién decide entonces?

La respuesta quizá sea más compleja de lo que parece. Decidimos todos: el artista cuando crea, el productor cuando graba, la compañía cuando promociona, el programador cuando selecciona, el algoritmo cuando recomienda, las redes cuando convierten una canción en tendencia y finalmente decide el oyente cuando pulsa el botón de reproducir.

El problema comienza cuando alguno de esos actores termina teniendo un poder desproporcionado sobre los demás. Por eso necesitamos mantener algo que ninguna tecnología debería sustituir: el criterio.

Porque una canción no debería valer solamente por la cantidad de veces que ha sido reproducida. Y un artista no debería existir únicamente porque un algoritmo decidió mostrárnoslo.

La tecnología puede ayudarnos a encontrar música. La radio puede ayudarnos a descubrirla. Los periodistas pueden ayudarnos a comprenderla. Los artistas pueden ayudarnos a sentirla. Pero la decisión final sigue siendo nuestra.

Quizá la pregunta no sea quién decide qué música escuchamos. Quizá la verdadera pregunta sea: ¿Estamos decidiendo nosotros qué queremos escuchar o estamos dejando que otros decidan por nosotros?

La respuesta, como casi todo en la música, tendrá que encontrarla cada oyente. Porque escuchar también es elegir.

Uso de inteligencia artificial:

Para la elaboración de este artículo se utilizó inteligencia artificial como herramienta de apoyo en la organización y revisión del contenido. La selección del tema, el enfoque editorial, los criterios de análisis y la revisión final corresponden al autor. La imagen principal fue generada mediante inteligencia artificial para acompañar visualmente el contenido.

 

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